Génesis de la novela parte 1

Publicado: 11 mayo, 2014 de Andrés Coto en La novela: génesis y argumento

Detrás de esta novela hay una historia de mucho esfuerzo y tiempo, pero también hay muchos momentos de satisfacción y orgullo.
En este largo, larguísimo proceso creativo, hubo dudas y ocasiones de estar agobiado por las horas y días que llevas bloqueado ante la página en blanco, otros de estar insatisfecho con lo escrito y todo ello te exige un plus de constancia y de responsabilidad con el compromiso adquirido ante ti mismo, buscar razones en tu interior para continuar perseverando con un relato que se resiste a crecer, pero cuando finalmente tienes entre tus manos ese ejemplar con tu nombre en la portada, sabes que tu sueño se ha cumplido.
La novela parte de un relato corto, comenzado hace ya más de ocho o nueve años y al que únicamente un pequeño grupo de personas, de mi círculo más cercano, tuvieron acceso. Pese a los comentarios satisfactorios obtenidos, el texto durmió durante años en la carpeta donde guardaba mis escritos y no podría explicar muy bien el por qué. Quizás fuera el temor a que el resto de lo que pudiera escribir no estuviera a la altura de las expectativas creadas, o quizás fuese el pudor. Sólo años después, y requerido por el interés de una de aquellas lectoras, volví a releer el texto y comprobé, con agrado y satisfacción, que la trama conservaba la fuerza, el sentimiento y el interés de antaño. El relato, a diferencia de otros textos escritos por mí, no había perdido vigencia.
Decidí rescatarlo y, aún sin tener una idea clara de cómo convertir un relato corto en una novela que nunca antes había escrito, enfoqué el proceso como un experimento que tenía muchas posibilidades de fracasar, pero que me apetecía intentar. Era consciente que iba a necesitar de nuevos personajes y situaciones para consolidar la trama del relato inicial. Sabía que ello conllevaría numerosas horas de búsqueda de información y que requeriría de una documentación sobre la historia de lugares que yo no conocía en primera persona, y además, adaptarlos a mi trama. Yo no quería o quizás, por la veracidad, rigor y pulcritud que requiere ese tipo de relato, no me veía capaz de escribir una novela histórica.
La nueva trama de mi novela fue creciendo sin perder la esencia de aquellos primeros folios, origen de toda aquella aventura literaria. A veces avanzaba de manera ágil, precisa y rápida, pero en otras las dudas y la confusión, paralizaban el proceso durante meses. Poco a poco la inexperiencia, la falta de recursos y un método claro para combinar aquel enorme puzle en que se iba convirtiendo la novela, hicieron que el relato fuese dando vueltas en círculo. Inmerso en un largo y oscuro túnel, bloqueado ante la página en blanco y sin ideas claras de como continuar la trama, afloró el desánimo y muy cerca estuvo de arruinar la aventura.

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